Pero cuando hablamos de comida, está claro que para que sea un momento de alegría lo mejor es que sea compartiendo esa comida especial con seres queridos. Y lo más importante, acompañar ese encuentro de una buena dosis de risa.

Sabemos que las comidas a veces pueden ser tediosas. Como suelo decir, afortunadamente o desgraciadamente, que no lo sean depende en gran parte de una misma. El primer ingrediente para que una comida en compañía se convierta en una experiencia alegre es nuestra actitud. Y la risa no solo nos predispone a nosotras a ser más abiertas y positivas, sino además es contagiosa. Y además creo que es fácil encontrar motivos para ponerse alegres, como por ejemplo viendo ese pedazo plato del Hotel Montíboli: Curry de rape con arroz basmati y matices de coco. A mí ya se me están levantando las comisuras de los labios.

 

 

Hace unas semanas me recordaron un dato muy relevante que esta vez me ha despertado más interés y sobre todo me ha dado mucho que pensar. Se ha investigado cuántas veces reímos al día: entre 0 y 20 veces. ¡¡Uf!! Pero lo más increíble es que los bebés se ríen entre 300 y 400 veces, al día que no se nos olvide.

 

 

Me pregunto qué habrá pasado entremedias. Aquí nos dan algunas claves y comparto con vosotros la que más interesante me parece:

Elena Santos, psicóloga de la Unidad de Personalidad y Comportamiento (Orientación familiar y Prevención) del Hospital Ruber Juan Bravo-Grupo Quirón Salud, explica que el motivo por el que disminuimos el número de veces que reímos conforme vamos madurando “puede estar relacionado con el hecho de que los niños más pequeños responden a estímulos externos e internos y estos, a estas edades, son muchos y, sobre todo, muy novedosos. Además, utilizan la sonrisa de manera instrumental para conseguir algo y como medio de comunicación, al contrario que en los adultos que no necesitan comunicar o conseguir algo solo a través de la sonrisa”. Asimismo, Santos destaca el arraigo que tiene en la personalidad del ser humano la necesidad de causar buena imagen, por lo que, según afirma la psicóloga, “mientras los adultos se preocupan por este constructo, y en consecuencia modulan más sus interacciones con los otros, los niños sonríen sin pensar en la adecuación o no del acto en sí de reír”.

 

 

O sea, lo que nos dice es que, por un lado, los niños miran el mundo con más curiosidad y encuentran estímulos nuevos en cada interacción con el entorno y, por otro lado, los niños no se preocupan si es adecuado o no reír. Creo que podemos aprender una lección importante aquí y, sobre todo, aplicarla ya: ser curiosos y mirar el mundo con otros ojos y recordar que la risa tiene muchísimos beneficios, incluso sociales. De hecho, es una gran herramienta para comunicarnos.

 

 

¡Estáis tardando en uniros a nosotras!